La cal aérea ofrece elasticidad y altísima transpirabilidad en interiores y rejuntados finos; la hidráulica natural aporta resistencia moderada en zócalos o exteriores expuestos. Ambas regulan humedad, absorben sales y envejecen con nobleza. Dosificar agregados locales, como arenas del valle, ajusta color y textura. El principio rector es simple: suficiente resistencia, máxima permeabilidad y total compatibilidad con la piedra original y sus dilataciones.
Corcho expandido y paneles de fibra de madera mejoran el confort sin atrapar vapor. Funcionan como abrigo que respira, sumando inercia y amortiguando ruidos. Colocados por el exterior cuando sea posible, protegen la fábrica y evitan puentes térmicos. En interiores, sistemas de trasdosado capilarmente activos, con revocos de cal o arcilla, permiten regular microclima, manteniendo texturas honestas que honran la tectónica del muro histórico.
Reutilizar la piedra existente y completar con piezas del mismo yacimiento reduce huella ambiental y asegura compatibilidad mineral. El mortero debe ser más débil y más poroso que la piedra, actuando como elemento de sacrificio fácilmente reparable. Se prueban mezclas en pequeñas áreas, se observa su comportamiento bajo lluvia y heladas, y solo entonces se extiende la solución, evitando uniformidades que borren la memoria material.